Le trajimos a casa con un mes y una semana, muchos apostaban a que no aguantaría mucho con él porque ya tenía otro perro, y mira, doce años llevamos ya.
Es un amigo leal, fiel, un poco cabezota, pero en el fondo es un bonachón, su aspecto fiero no le hace justicia, como dice un señor que le saluda siempre que le ve: "todo lo que tiene de bruto, lo tiene de noble"
Nos conocemos tan bien que solo con hacerle una señal sabe lo que quiero que haga, luego, como ya dije antes, es un cabezota y lo hace cuando se da cuenta que no se saldrá con la suya.
Nos enfadamos uno con el otro, pero sigue siendo un amigo fiel y sin rencor.
Ahora os digo, hasta que no se tiene un perro, no se sabe lo que se puede llegar a sentir por ellos, y también quiero decir, que no son juguetes que se regalan cuando son cachorros, que hay que hacerse a la idea que son nuestra responsabilidad y que no debemos abandonarles cuando crecen porque dejan de ser preciosos cachorrillos y empiezan a molestarnos.










