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sábado, 2 de agosto de 2008

Antes de que ellos crezcan.

Hay un período cuando los padres quedan huérfanos de sus hijos. Es que los niños crecen independientes de nosotros, como árboles murmurantes y pájaros imprudentes.

Crecen sin pedir permiso a la vida. Crecen con una estridencia alegre y, a veces, con alardeada arrogancia.
Pero no crecen todos los días, de igual manera crecen de repente.


Un día se sientan cerca tuyo en la terraza y te dicen una frase con tal naturalidad que sientes que no puedes más ponerle pañales a aquella "criatura".

¿Donde fue que anduvo creciendo aquel pequeño que no lo perciviste?


¿Donde quedaron la placita de jugar en la arena, las fiestecitas de cumpleaños con payasos, los juguetes preferidos?

...El niño crece en un ritual de obediencia orgánica y desobediencia civil.

Ahora estás allí, en la puerta de la discoteca, esperando que él/ella no sólo crezca, sino aparezca. Allí están muchos padres al volante, esperando que salgan zumbando sobre patines y cabellos largos y sueltos.
Allá están nuestros hijos, entre hamburguesas y gaseosas en las esquinas, con el uniforme de su generación, e incómodas mochilas de moda en los hombros.

Allí estamos, con los cabellos casi blanquecinos.
Esos son los hijos que conseguimos generar y amar a pesar de los golpes de los vientos, de las cosechas, de las noticias y de la dictadura de las horas.

Ellos crecieron medio amaestrados, observando y aprendiendo con nuestros errores y aciertos. Principalmente con los errores que esperamos que no repitan.
Hay un período en que los padres van quedando un poco huérfanos de los propios hijos...ya no los buscaremos más en las puertas de las discotecas y en las fiestas.
Pasó el tiempo del piano, el ballet, el inglés, la natación y el Karate...

Salieron del asiento de atrás y pasaron al volante de sus propias vidas.

Deberíamos haber ido más junto a su cama al anochecer, para oír su alma respirando conversaciones y confidencias entre las sábanas de la infancia, y a los adolescentes cubrecamas de aquellas piezas llenas de calcomanías, posters, agendas coloridas y discos ensordecedores.

Ellos crecieron, sin que agotásemos con ellos todo nuestro afecto.. Al principio fueron al campo o fueron a la playa entre discusiones, galletitas, atascos, navidades, piscinas y amigos.
Sí, había peleas dentro del auto, la pelea por la ventana, los pedidos de chicles y reclamos sin fin.
Después llegó el tiempo en que viajar con los padres comenzó a ser un esfuerzo, un sufrimiento, pues era imposible dejar el grupo de amigos y primeros enamorados.
Los padres quedaban exiliados de los hijos. "Tenían la soledad que siempre desearon", pero de repente, morían de nostalgia.
Llega el momento en que sólo nos resta quedar mirando desde lejos, torciendo y rezando mucho (en ese tiempo, si nos habíamos olvidado, recordamos cómo rezar) para que escojan bien en la búsqueda de la felicidad, y que la conquisten del modo más completo posible.
El secreto es esperar...
En cualquier momento nos pueden dar nietos. El nieto es la hora del cariño ocioso y picardía no ejercida en los propios hijos, y que no puede morir con nosotros.
Por eso, los abuelos son tan desmesurados y distribuyen tan incontrolable cariño.
Los nietos son la última oportunidad de reeditar nuestro afecto.
...Así es. Aprendemos a ser hijos después que somos padres, sólo aprendemos a ser padres después que somos abuelos... en fin...sólo aprendemos a vivir después que ya no tenemos más vida.
Los hijos crecen demasiado rápido o nosotros vamos demasiado rápido por la vida...?
Nos pasa que un día los contemplamos y nos asombramos de la estatura de nuestros hijos...o los escuchamos hablar sin parar...y allí el recuerdo nos emociona...
Recordamos el primer día que los cobijamos en nuestros brazos, los primeros pasos, la primera palabra que dijeron así de improviso, la carita de sorpresa cuando se abrió la puerta del colegio el primer día de clase...Tratamos de darles lo mejor, pero tal vez no nos dimos cuenta que ellos necesitaban algo más... Entonces nos damos cuenta que lo que dimos no fue suficiente y los vemos partir llenos de emoción...

No esperemos ese momento, el momento es ahora...el mimo, la caricia, el abrazo, el beso, el dialogo...nos necesitan, a pesar de que en algunos momentos creemos que no porque hay una etapa en que nos ven como seres anticuados o desactualizados.
Somos importantes para ellos, la calidad de lo que les damos es lo importante...nuestro tiempo, nuestra protección, nuestra compañía, nuestro consejo...Nuestro amor.

Por eso es necesario hacer algunas cosas adicionales...

...¡¡¡ANTES DE QUE ELLOS CREZCAN !!!...


JML

3 comentarios:

Bego dijo...

Cuando solo somos hijos, no nos damos cuenta de que todo lo que nuestros padres hacen por nosotros, los horarios que nos imponen y las normas que nos enseñan, es por nuestro bien. Para nuestra educación y por el bienestar que da saber que los hijos saben manejarse por la vida, al menos medianamente bien.
Eso cuando mejor se entiende, es cuando los hijos pasamos a ser padres. Queremos que nuestros hijos no pasen calamidades en la vida y poder evitarles todos los problemas que podamos.
Cuando mis padres me decían lo que tenía que hacer, yo me decía, cuando tenga hijos, les dejaré que hagan lo que quieran, ahora se que mis padres solo querían mi bienestar, y que a veces les tocaba ejercer el papel de malos, aunque les doliera hacerlo.
Ahora, que soy madre lo se.

Ojalá que cuando me llegue el momento de la adolescencia con mis hijos, sepa llevarles por lo menos, como mis padres me condujeron a mí.
Aunque a esa edad no estuve de acuerdo con ellos, ahora les doy las gracias.

Anónimo dijo...

Hay que procurar dedicar a los hijos todo el tiempo que se pueda, si lo dejamos para mas tarde ese tiempo ya habrá pasado, será irrecuperable.
Cuando pase el tiempo lamentaremos el no haberles prestado mas atención.
No valoramos lo que tenemos hasta que lo perdemos.

Delia dijo...

Creo y deseo que porque nuestros hijos lleguen a la adolescenci, no nos dejen de dar ese beso y ese abrazo que a muchos nos mantienen en pie, que puedan pasar periodos de tiempo junto a nosotros, pero no porque seamos sus padres y se sientan obligados, me gustaria que fuera porque nos consideran amigas/os, y tambien les gusta compartir con nosotras/os, sus historias, sus vivencias, momentos divertidos, ir de compras, ir al cine, ir a la playa, pasar un día sin hacer nada pero juntas/os.
Creo que hay tiempo para compartir con todo nuestro entorno.

Vuestros lugares.


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